El fenómeno del aura, posible materia obscura o bioplasmática
Uno de los primeros en definir este tipo de materia en occidente fue Paracelso, en el siglo XVI, comparándolo a una bola de fuego circundante a los seres vivos.
En el siglo XVIII, el m ístico Emanuel Swedenborg lo describió como una "esfera espiritual". Y de hecho se halla en mucha de la iconografía religiosa de la época como la “aureola de la santidad”.
A mediados del siglo XIX Franz Anton Mesmer realiz ó estudios más exactos que lo llevaron a proponer su teoría del magnetismo animal, una fuerza electromagnética que puede ser transmitida de un ser a otro y que tiene poderes de curación.
En 1845, el barón Karl von Reichenbach, un químico alemán, registró las reacciones de diversos sujetos ubicados en habitaciones oscuras: éstos vieron llamaradas de energía que emanaban de las extremidades humanas y animales, así como de las plantas y ciertos cristales. Las llamas chispeaban y despedían luces multicolores: rojo, naranja, verde y violeta.
El Doctor Walter J. Kilner, miembro del Colegio Real de M édicos y encargado del área de electroterapia en un hospital londinense, publicó en 1912 el resultado de las experiencias realizadas durante cuatro años en diversos hospitales para demostrar la existencia de un campo de energía que rodea a los seres vivos (llamada genéricamente "Aura"). Él descubrió que el aura humana es visible bajo la luz ultravioleta. La describió como una nube sutil que rodea todo el cuerpo, con capas perfectamente distinguibles entre sí. En su libro "La atmósfera humana" explica como es posible ver el aura a través de una especie de vitrina, la cual está llena de una solución alcoholizada, la diacinina, que es sensible a los rayos ultravioleta, y que es capaz de exaltar la sensibilidad retiniana. Mediante este sistema sólo puede verse un halo de color azul grisáceo que sigue el contorno del cuerpo hasta una distancia de 60 cm. fuera de él. Él encontró que el fenómeno variaba con la edad, el sexo, las facultades mentales y el estado de salud del sujeto. Kilner aseguraba que el aura humana podía ser considerada como un fenómeno tan objetivo y preciso que adaptó a la visualización del aura un método de diagnostico clínico.
El Dr. Wilhelm Reich a principios del siglo XX estudió esta energía bioplásmica del aura humana, energía a la que denominó "orgánica", constituida por corpúsculos energéticos fluídicos llamados orgones.
Él descubrió la relación entre las alteraciones en el flujo natural de los orgones en el cuerpo humano y las enfermedades físicas y psicológicas. Desarrolló una metodología psicoterapéutica psicoanalítica conjugada con ejercicios posturales para desbloquear el flujo de los orgones, logrando así sanar física, mental y emocionalmente a sus pacientes.
Uno de los estudios más exhaustivos de la fenomenología del campo bioplásmico es, sin duda, el del ingeniero ruso Simeón Davidovich Kirlian, y su esposa Valentina, que comenzaron en 1939 por medio de un dispositivo de su invención llamado "Cámara Kirlian" o también "Efluviómetro Electroplasmático". El aparato es más bien un generador de radiofrecuencias, de energía eléctrica de alto potencial, alta frecuencia y muy baja intensidad. Las imágenes obtenidas por medio de la cámara Kirlian presentaban una luminosidad cambiante de color azul celeste emitida por las puntas de los dedos como diminutos y pequeños "rayos" de luz partiesen de los dedos, con colores extraños. Además se tomaron placas fotográficas, revelándose formas y colores que el ojo humano no había percibido. Los colores variaban en distintas personas y aún en la misma persona, en diferentes circunstancias. Los registros efectuados con el proceso Kirlian muestran:
1.- Una zona externa, principalmente formada por radiaciones filiformes, de agrupación, formación y direccionalidad variables, dependiendo del estado del individuo o espécimen.
2.- Una zona central, en que se pueden observar una serie de estructuras complejas y variables, relacionadas con la frecuencia de resonancia propia del individuo o espécimen.
3.- Una zona interna que contacta con el electrodo de la cámara y donde se observan marcadamente los fenómenos de coloración del aura Kirlian.
Después encontramos a los doctores George De la Warr y Ruth Drown a mediados del siglo XX construyendo instrumentos de detección de las radiaciones emanadas por los tejidos vivos, dispositivos con los cuales obtenían imágenes fotográficas del Campo Energético Humano, imágenes con las que podían detectar y diagnosticar formaciones internas de enfermedades en el tejido vivo.
 A fines de la década de los 60, la Dra. Valorie Hunt de la UCLA, empezó a medir el campo bioplásmico de la gente, ella lo llama bioenergía humana, y encontró que contiene información relacionada con las condiciones y enfermedades fisiológicas, emocionales y del nivel consciente de una persona. En 1988, la Dra. Hunt publicó los resultados de la investigación llamada "A Study of Structural Neuromuscular Energy Field and Emocional Approches", con la cual descubrió el que existen señales de bajo milivoltaje emitidas por el cuerpo humano durante sesiones de tratamiento bioenergético de masaje profundo. Estas señales eléctricas fueron analizadas para encontrar pautas descriptivas, hallándose por métodos de Fourier ciertas precisas correlaciones entre espectros de frecuencia eléctrica y espectros de color visual. Se constató el que las diversas áreas estructurales del campo energético humano son descriptibles de acuerdo a los modelos provistos por la literatura metafísica. Se observaron vórtices de energía sobre puntos precisos, con la forma, frecuencia, tamaño y dinámicas internas.
Otra investigación la cual demostró en 1972 por los científicos rusos Kasneceev, Sciurin y Michailiva que existe una matriz coherente de energía emanada por los tejidos vivos, detectable como ondas electromagnéticas, matriz energética que posee una configuración bioinformática.
Durante la década de los 80’s del pasado siglo, el Dr. Shafica Karagulla analizó las observaciones llevadas a cabo por individuos capaces de percibir directamente este campo de energía sutil y etérea que forma una matriz de energía vital, encontrando que estas personas facultadas para "ver" esta energía la describen como una trama destellante de rayos luminosos que ínterpenetran el cuerpo físico denso. Así, ante estos estudios arriba mencionados, podemos afirmar que esta matriz energética es la pauta básica en la que cobra forma y está anclada la materia física tisular. Los tejidos sólo existen como tales merced a este campo vital que los sustenta.
Luego, las investigaciones llevadas durante la década de los 1980’s a cabo por la Dra. Dora Kunz le permitieron demostrar que encontró que el campo vital humano cuando está sano, posee un ritmo autónomo natural en su interior. Además encontró que cada órgano del cuerpo tiene su ritmo energético correspondiente en la matriz del campo de energía vital. Ella determinó que los distintos ritmos interactúan a modo de expresar un complejo y armonioso proceso de transferencia, así, cuando el cuerpo está saludable, estos ritmos se transfieren de un órgano a otro de una manera muy fácil. También descubrió que en un estado patológico, los ritmos se encuentran cambiados, fuera de sus frecuencias correctas. Así, en un estado de salud, existe una equiparación de la impedancia entre los tejidos adyacentes, pero en un estado de enfermedad, existe una falta de equiparación en la impedancia intrínseca a los tejidos. De tal manera, al existir una equiparación de la impedancia tisular, la energía fluye fácilmente por todo el tejido. La enfermedad bloquea el libre flujo de la energía orgánica.
También, durante la década de los años 80’s del siglo pasado, los hallazgos de los Drs. Barbara Brennan, Richard Dobrin y John Pierrakos apuntaron hacia el hecho de que el cuerpo humano emana una radiación de 350 nanómetros.
En el año de 1985, los descubrimientos llevados a cabo por el Dr. William Eidson de la Universidad Drexel muestran que era posible obtener una manipulación voluntaria del campo energético vital de una mujer, la Sra. Karen Gestla, manipulación que dirigida permitía alterar el flujo de un láser de 2 milivatios, atenuándolo o desviándolo.
El Dr. Zheng Rongliang, de la Universidad de Lanzhou, de la República Popular China, logró medir le energía irradiada por el cuerpo humano, obteniendo esto por medio de un dispositivo foto-bio-electrónico, encontrando una emanación de luz de baja intensidad que rodea casi de forma homogénea al mismo.
Durante la década de los años 90’s, al final del siglo XX, en el Instituto Nuclear Atómico de la Academia Sínica, en Shanghai, se llevaron a cabo estudios de las emanaciones de energía vital humana, encontrándose tiene una expresión sónica de muy baja frecuencia, siendo ésta una onda portadora de fluctuaciones de baja frecuencia. Además se observó la presencia de unas micropartículas de energía, con un diámetro de aprox. 60 micras y una velocidad en el rango de los 20 a los 50 cm / seg.
Posteriormente, ya en 1996, el físico ruso Konstantin Korotkov -catedrático de la Universidad de San Petersburgo- inventaría un aparato que le permitió enviar las imágenes Kirlian al ordenador y analizarlas con modernos procesadores. Un paso fundamental porque posibilitaba estudiar el efecto Kirlian de forma reproducible en laboratorio, atendiendo las condiciones que la ciencia moderna exige que no varíen las condiciones del experimento. A partir de ese momento, Korotkov desplegó una intensa labor y formó un equipo interdisciplinario compuesto por físicos, médicos, biólogos, psicólogos e informáticos para investigar el fenómeno Kirlian y, por tanto, la información existente en el campo de energía humano. Korotkov, junto al alemán Mandel, harían entonces un descubrimiento fundamental: que en los diez dedos de las manos está contenida la información holográfica (total) del cuerpo así como de aspectos de la psique humana.
Después de 60 años Rusia reconoció oficialmente la Kirliangrafía en Diciembre de 1999, como la técnica mediante la cual se obtiene el efluviograma, o sea, la plasmación de la energía bioplasmática.
En Julio del 2000, los físicos rusos Valery Anoufriev y su esposa Iliana Anoufrieva del Instituto de Física de Metales de la Academia Rusa de Ciencias, y colaborando para el Centro de los Urales para la Energía y el Medio, han logrado captar radiaciones energéticas del aura humana de sujetos, a los que se les pidió concentrarse en pensamientos emocionalmente enfocados. Este grupo de científicos utilizó equipos Kirlian computarizados. Ellos nombraron a su investigación "Estudio de la energía física humana mediante el método de concentración Psicoemocional".
Una más reciente investigación, de 2002, es la desarrollada por el médico australiano Tom Chalko -de la Universidad de Melbourne- el cual ha estudiado el efecto de los colores del entorno el campo bioenergético y, por tanto, en la salud, por medio de analizar el aura a través del método de Fotografía Kirlian Computarizada.
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